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25.9.10

DESTRUCCIÓN DE LIBROS - LA MARCA DEL INFIERNO


La memoria, ¿qué ocurre cuando nuestra frágil existencia abandona este mundo? los documentos gráficos son los portadores del pensamiento, de la historia. Es por ello que han sido castigados en tantas ocasiones a sufrir la triste suerte de la destrucción. Porque se puede matar al hombre, pero no es tan fácil matar sus ideas.


Ya en Egipto la lacunatio memoriae borraba todo rastro de aquellos sentenciados al olvido. Cercenar de los documentos escritos aquello que nunca debió existir, ni ser creado, ni ser pensado.


Los libros destruidos que ya nunca podremos recuperar. Quién no se ha parado por un momento a meditar cómo hubiera sido nuestra historia de no haberse quemado la Biblioteca de Alejandría.


Son tantos y tan desafortunados los capítulos en los que se repite este hecho, me vienen a la memoria aquellos nativos americanos que al ver arder sus libros a manos de los conquistadores no pudieron resistir la pérdida y se arrojaron a las llamas para consumirse con ellos, los portadores de su identidad cultural. Porque sin memoria estamos condenados a vagar sin rumbo.


Y la marca de esta condena la podemos aún ver hoy en nuestra historia reciente, un aviso de aquello que no debe ser leído:


Libro prohibido. Asturias, El Infierno


Como nos relata Fernando Báez en su obra Memoria de la destrucción de libros: además de los cientos de miles de muertos, la Guerra Civil Española dejó un desastre cultural ocultado durante décadas. Tambièn antes del inicio de la guerra se destruían libros, eliminándose de forma violenta  e indiscriminada las bibliotecas y archivos de los conventos.

En Octubre de 1934 Asturias vivió un levantamiento popular que fracasó, desatando una feroz represión. Las fuerzas del orden destruyeron los libros de más de 257 bibliotecas populares en los ateneos. El 13 de Octubre de 1934 la Biblioteca Universitaria de Asturias sufrió un terrible incendio que arrasó su admirada colección de manuscritos.

Tras estos hechos se creó una Comisión para la Depuración de Bibliotecas, fueron incautados todos los libros definidos como pornográficos, revolucionarios o nocivos para la moral pública. Y parte de los escritos fue colocada en una sección a la cual se denominó EL INFIERNO, en la Biblioteca Pública de Oviedo, reabierta sólo en 1974.


Allí donde queman libros, acaban quemando hombres
Heinrich Heine


BIBLIOGRAFÍA:

Báez, Fernando. Historia Universal de la destrucción de libros. Editorial Destino, Barcelona, 2004.

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