16.6.19

Póster : Evolución de la estructura material del libro

En esta entrada quiero compartir una breve síntesis sobre la evolución de la estructura material del libro. Está realizado a partir de la bibliografía y recursos web que se indican en un recuadro del póster.


Proximamente iremos viendo los diferentes estilos estructurales y decorativos que se suceden a lo largo de la historia del libro en Europa. 

¡Saludos bibliófilos!




9.6.19

Claustrum sine armario, quasi castrum sine armamentario

O acerca de cómo se guardaban los libros

Geoffrey de Breteuil (c. 1125 - c. 1195), teólogo y monje francés, es el autor de esta conocida cita: "Un convento sin biblioteca, es como un castillo sin arsenal" (ALLEN, 2011, p.115) . Y es que los libros son la munición del espíritu y siendo objetos de gran valor, fueron celosamente atesorados.

Ese "armarium" era el lugar en el que se almacenaban los preciados volúmenes y es, precisamente, la forma de guardar los libros a lo largo de la historia el tema al que vamos a dedicar esta entrada.

En los tiempos de Godofredo, el s. XII, el formato de los libros era ya el de códice: pliegos doblados formando cuadernillos, cosidos entre sí y protegidos por una encuadernación. Y los armarios donde se guardaban eran parecidos a lo que hoy llamaríamos alacenas o roperos, tendiendo cada vez más a cerrarlos  bajo llave durante la Edad Media (PETROSKI, 2002, p. 62).

The most famous portrait of a medieval armarium can be found in the famous eighth-century bible known as the Codex Amiatinus. On fol. 5r, there is a miniature of Ezra writing next to a large wooden book-chest; the books are laid flat on the shelves. Fuente: aquí.

Primera representación conocida de un armarium, aparece en un sarcófago de mármol de la Villa Balestra en Roma. Datado h. 200 dC. La pequeña librería tiene las puertas abiertas y vemos tres baldas, la superior con ocho rollos, la del medio con un objeto parecido a un plato o bol. Encima está apoyado lo que oarecen unas tablillas de cera donde quizás el lector fuera tomando apuntes. 

Armarium del Monasterio de La Oliva. Fuente: aquí

Armarium del Monasterio de Moreruela, Fuente de Moreruela, Zamora. Los armarii eran nichos en la pared oriental del claustro, posteriormente algunos fueron reconvertidos en nichos (Wikipedia). Fuente: aquí

También se usaban como sistema de almacenaje los cofres de libros. Durante el medievo, el traslado de una biblioteca solía hacerse en los mismos cofres donde se guardaba. Los había que se cerraban con una o varias llaves y algunos tenían patas que elevaban su base por encima del suelo, protegiéndolo de la humedad (PETROSKI, 2002, p. 71).

Detalle de: Cambrai, 1320-40, Bibl. mun., ms. 0620, f. 001 - vue 7, s. Fuente: aquí.

Detalle de: Cambrai, 1320-40, Bibl. mun., ms. 0620,  f. 001 - vue 4. Fuente: aquí

La producción de manuscritos en Europa durante el s. XII se calcula en unos 900 mil ejemplares (superando con creces los 250 mil del siglo anterior) (BURINGH et al., 2009). Los libros se realizaban, en su mayoría, en monasterios, pero con el nacimiento y desarrollo de las universiadades esta tarea salta los muros conventuales, secularizándose cada vez más su elaboración.

Los cofres de libros, especialmente en los monasterios, se multiplicaban sin cesar. Este sistema era práctico para salvaguardar los valiosos códices, pero creaba problemas de gestión y accesibilidad. Dentro de los baúles los manuscritos se apilaban unos sobre otros, identificándose el contenido de cada cofre mediante una tabla pegada al interior de la tapa.

Los armarios equipados con estantes facilitaron un mayor cuidado de los libros, permitiendo de forma mas sencilla encontrar y consultar el volumen deseado.

A medida que los fondos fueron creciendo en los monaterios y, luego, en las iglesias y universidades, se empezaron a destinar habitaciones separadas para su almacenamiento (PETROSKI, 2002, pp.85-86). Comienzan a gestarse las grandes bibliotecas.

S. XII-XV

La mayoría de las representaciones antiguas de interiores con bibliotecas son del s. XV.

En estas imágenes abundan dos modalidades:

- Libros en estantes inclinados, que se apoyan sobre el corte inferior y la trasera. De esta forma se exhibía la encuadernación cual obra de arte (PETROSKI, 2002, p. 57). Este sistema de sujeción del libro verticalmente inclinado se emplearía también en el diseño de los atriles.

Detalle de la obra de Vittore Carpaccio. Visión de San Agustín 1502. Scuola di San Giorgio degli Schiavoni. 

Simon Bening (Flemish, 1483-1561). St. Luke Writing in Crown, 1521. Painting on parchment, 5 3/16 x 3 11/16 in. (13.2 x 9.3 cm). Brooklyn Museum, Bequest of A. Augustus Healy, 11.504 (Photo: Brooklyn Museum, 11.504_PS2.jpg). 

Se consevan ejemplares cuyas encuadernaciones estaban dotadas de unos tacos o clavos metálicos en el corte inferior, sobre el que se apoyarían los libros en este tipo de estanterías inclinadas, así como en los atriles.

Late medieval bookbinding with "feet," Leiden, University Library, BUR MS Q 1, c. 1100, photo: Erik Kwakkel. Fuente: aquí


- Libros en estanterías guardados horizontalmente con uno de los cortes inferior, superior o delantero a la vista.


Simon De Hesdin au travail dans son cabinet 1479 par un maître anonyme Bruges au XVe siècle. British Library Royal 18 E III f. 24. 


Hl. Ambrosius, 1490-95. Wien, Österreichische Galerie. Fuente: aquí.


S. XVI

Con la expansión de la imprenta por Europa la producción de libros experimenta un crecimiento sin precedentes, durante este siglo se contabilizan 300 millones ejemplares impresos, y había que ir haciéndoles hueco. Apoyar los libros en los estantes sobre su corte inferior exhibiendo su tapa, o abierto como en la imagen inferior, ocupaba un espacio que empezaba a escasear. La ordenación de las bibliotecas comienza a experimentar con variantes y se buscan nuevas formas de apilar los volúmenes

Bonaventure, a biographer of Francis of Assisi, in his study. Attributed to Stefano Lunetti, Bonaventure, Legend and Life of Francis of Assisi (with Miracles), Florence, 1504;Harley MS 3229, f. 26r. Fuente: aquí

En la siguiente imagen es curioso ver uno de los libritos sobre la mesa que descansa sobre su corte delantero, igualmente están así almacenados los que se ven en la estantería del fondo.

Cardinal Albrect of Brandenburg as St. Jerome. Painting by Lucas Cranach the Elder (1526). The painting is in a private collection. Fuente: aquí.


S. XVII

El volumen de producción de libros sigue en aumento, durante este siglo se calculan unos 700 millones de libros impresos en Europa. Las bibliotecas se afanaban en buscar fórmulas para dar hueco al creciente número de volúmenes que iban llenando los espacios destinados a albergar sus colecciones.

Guardar los libros exponiendo su plano anterior ocupaba demasisdo espacio y apilar los libros horizontalmente se hizo muy poco práctico al aumentar el número de ejemplares. En cambio, si se almacenaban verticalmente uno junto a otro, se podía disponer de la obra buscada con facilidad, aumentando la capacidad de almacenaje en las estanterías. Teniendo en cuenta que para controlar las colecciones los libros eran encadenados a los muebles, la forma más lógica de colocarlos en posición vertical era con el corte delantero hacia fuera.

Grabado de la Biblioteca de la Universidad de Leiden de 1610, impreso por Woudanus. Fuente: aquí

Aquí aún podemos ver los libros guardados verticalmente y con el corte delantero hacia fuera.

 Cupid tugs at the sleeve of the scholar immersed in his books to point to his mother Venus hammering a heart on an anvil before ?the scholar's wife/girlfriend. From the album of Johannes Amstel van Mijnden -- allentries dated 1600-1602. Den Haag, KB 74 j 37, f.7r. 

En este grabado satírico vemos la estantería llena de libros, la mayoría en vertical, pero todos con uno de sus cortes a la vista.

DescriptionFrontispiece to "Pedantius. Comoedia Olim Cantabrig. Acta" (1631): an elaborately-dressed schoolmaster, probably representing Dr Thomas Beard, stands full-length, holding a birch, with two pupils behind him and a shelf of books over his head. 1631
Engraving. Fuente: aquí

Esta librería apila unos libros sobre otros, en horizontal, con el corte inferior expuesto y la intitulación.

Francesco Righetti, ca. 1626-1628 by Guercino (1591-1666) via:@Libroantiguo. 

En la siguiente pintura vemos que tiene un poco de todo.

Vanitas with a Sundial, c.1626-40 (oil on canvas) Posters & Prints by French School. 

Este otro grabado es muy interesante, en el podemos ver los libros almacenados verticalmente (salvo un par de ellos) pero algunos ya se guardan con el lomo hacia fuera.

Jaques Du Bosc. The excellent woman. London, 1692. Folger Shakespeare Library. Fuente: aquí


S. XVIII

En el siglo de las luces son 1.000 millones los libros que salen de las imprentas europeas. Cifras que lejos quedan ya de los casi 27 millones de manuscritos e impresos producidos durante todo el s. XV. El mercado estaba poniendo al límite la capacidad de los productores de papel, encuadernadores, etc. (pero estos puntos los trataremos en otra entrada). Las bibliotecas rebosaban libros y cada vez mas gente podía permitirse tener su propio gabinete privado de lectura

Giuseppe Maria Crespi 'Bookshelves with music books' 1725-30 Oil on canvas Civico Museo Bibliografico Musicale, Italy. 

S. XIX-XX

Para esta época veremos solo unas cuantas imágenes que ilustran perfectamente la forma en la que los libros eran almacenados, sistema que ya nos es del todo familiar, a grandes rasgos.

Sobre el s.XIX y el libro hablaremos en el futuro en diversas entradas ya que es una época que me fascina.

Depósito de la Biblioteca Nacional. Fot Carlos Montes. Fuente:aquí

Sección de catalogación de la Biblioteca Nacional. Fot Miguel Cortés Faure. Fuente: aquí

A MODO DE CONCLUSIÓN

Todo lo que hemos visto sobre la cronología y la forma de almacenar los libros no es normativo, al final cada cual guardaba los libros a su manera y de hecho me ha llamado la atención (aparte de por el ingenio de lectura múltiple) este grabado de finales del s. XVI:

 “The Diverse and Artifactitious Machines of Captain Agostino Ramelli”, 1588.

Creo que uno de los análisis interesantes, y de relevancia para el conservador-restaurador, sobre el modo en que se guardaron en un momento dado los libros (sistema que, además, la mayor parte de las veces se ha visto alterado) es poder descubir ciertas evidencias de estos hábitos en su materialidad, como pueden ser la presencia de ciertos refuerzos, anclajes, marcas de desgaste, intitulaciones, etc. Detalles que con el estudio y la observación, analizados en su contexto, podrían ser revelados como evidencias.

Y es que sólo aprendiendo a mirar, podremos empezar a ver.


28.2.19

Salvaderas: las arenas del tiempo


Seguramente, alguna vez os habréis encontrado entre las páginas de antiguos manuscritos una serie de pequeñas partículas que suelen deslizarse hasta el lomo de los cuadernillos, donde van acumulándose, en algunos casos, con gran profusión.


Fig.1 Manuscrito de 1535.


A veces también se aprecian sobre los trazos de escritura unas concreciones bastante llamativas, si bien algunas podrían ser parte de los ingredientes de la propia tinta, es muy probable que aquellas de mayor tamaño se hayan depositado con posterioridad, ya que las tintas caligráficas deben ser fluidas y tales corpúsculos habrían impedido o complicado enormemente la tarea al escribano.



Fig.2 Vista a 60x de la arenilla en el lomo del manuscrito de la Fig.1.

Fig.3 Vista a 60x de la arenilla sobre el trazo de escritura del manuscrito del la Fig.1. 

La pregunta que surge entonces es qué son estas partículas y de dónde provienen. Las respuestas también nos ayudarán a los conservadores - restauradores a tomar una decisión consciente a la hora de abordar tratamientos en los documentos que presenten estos materiales.


Fig.4 Manuscrito de 1594.


Una de las cualidades necesarias en la formulación de las tintas caligráficas era su capacidad de secado oreo, proceso que se reforzaría con el empleo de un producto que se espolvoreaba sobre las páginas recién escritas. Conocidas con el nombre de arenilla, arena secante o polvos de salvadera, su uso precedió al de los papeles secantes, que aparecieron hacia 1840.

Fig.5 Manuscrito del s. XVIII. 

El empleo de este tipo de arena secante presenta antecedentes en las capas preparatorias para soportes de escritura, que favorecerían la penetración y fijación adecuada de la tinta, como los polvos de piedra pómez en pergaminos, aunque en estos casos su aplicación era previa a la escritura (MELL, 2010, p. 21).

Fig.6 St Paul sharpens his quill, assistant rubs parchment with pumice stone Medieval copyist monks, often called scribes, were responsible for copying the works of authors by hand. Fuente: aquí

La composición de estos secativos era variada, entre sus ingredientes figuraban partículas molidas de minerales blandos como talco o calcita, goma sandáraca (LIPPERT, 1987, p.126), piedra pómez, arena de playa (usada desde 1790’s sg. Lippert, 1987, p.126), conchas o maderas finamente trituradas; también fueron empleadas ralladuras de metales como hierro (desaconsejado por Paronce “pues su inconveniente menor es el de roer el papel”), polvo de  mica (BUENDÍA, 2006, p.2) o galena (plomo mineralizado) molida (BOWLES, 1789, p.439). Estos preparados se vendían en diferentes colores: azul, verde, negro, rosa, amarillo, etc. (PARONCE, 1835, p.59), presentándose en cajas, paquetes y a granel “Polvos de salvadera a seis cuartos de libra” anunciaban en el Semanario de Avisos de 1844 (BUENDÍA, 2006, p.2) y en el periódico El Droguero de 1857 (nº17, año II) se anunciaban “Polvos de Salvadera, 14 rs. la arroba”.


Para espolvorear la arenilla sobre los documentos se utilizaron unos recipientes especiales, las salvaderas (pounce pots) o arenilleros (OSTOS et al., 1997, p. 87). Parecidos a saleros, estos botes se rellenaban con la arena secativa y sus tapas perforadas permitían que cayera el contenido sobre los escritos, en el Tratado del Origen y Arte de Escribir de 1766 de Fr. Luis de Olod se describe hasta el tamaño que debían tener los orificios, especificando que “sean pequeños, porque siendo demasiadamente grandes dan los polvos con mucha liberalidad, perjudicando la letra y dañando lo escrito” (BUENDÍA, 2006, p.2).  También hubo salvaderas sin tapa agujereada o salvaderas descubiertas, que requerían la aplicación de la arenilla con los dedos, una concha u otro cuerpo intermedio (PARONCE, 1835, p.58).


Fig.8 Salvadera. Fuente: aquí

Las salvaderas se fabricaron con diseños y materiales variados, tenemos ejemplos en porcelana (ej. Limoges), cerámica (ej. Talavera, Manises), loza, maderas (boj),  metales, cuerno, cristal (BUENDÍA, 2006, p.2), las  más lujosas formaban parte de elaboradas escribanías.


Fig.8 Salvadera de latón. Fuente: aquí

El uso de los papeles secantes (que se podían colocar en un rodillo llamado secafirmas) fue desplazando al de la arena, que finalmente desaparece del mercado. Ya en 1902 Rufino Blanco en su libro el Arte de la Escritura y de la Caligrafía mencionaba que “la arenilla quita al trazado parte de la tinta y la descolora; además, deja la superficie del papel muy desigual para escribir por el lado opuesto y destruye la encuadernación de los libros en que se usa”. También son repetidas las referencias a los desastres que se producían al confundir el tintero con la salvadera, con las consiguientes manchas (BUENDÍA, 2006, p.2).

En el Nuevo Catálogo General de Recarte hijo de 1907 aun podemos encontrar a la venta arenilla.

En el libro de 1916 Programa de Caligrafía de D. Pablo Guilarte y Busto se especifica en la lección 17 como parte de los instrumentos necesarios para escribir bien la arenilla, figurando también el papel secante. (Texto completo aquí)

Y ya en el catálogo de 1928 Nuestro Viajante de J. Millat, encontramos que no aparece a la venta la arenilla de salvadera, solo los papeles secantes. 

La salvadera, una palabra hoy en desuso, por no decir que casi en el olvido, fue en sus días empleada como figura literaria, veamos algunos ejemplos:


  • “Unas medias de seda con más agujeros que una criba o una salvadera”. 
  • “Mi familia no tenía otras tierras que la arenilla de la salvadera” (BUENDÍA, 2006, p.2). 
  • “Hecho polvos en salvadera quiero estar, antes que verlos dueños de todo” (QUEVEDO, 1741, p.359). 
  • “De modo – replicó el cirujano- que como no está al alcance de todos la virtud de matar lombrices con polvos de salvadera…” (PEREDA, 1891, p.210).

Un uso curioso de los polvos de salvadera aparece descrito en la obra El azafrán y el añil de José López y Camuñas en 1890 (p.36) en el que se empleaban como parte de la fórmula del crémor tártaro, producto que servía para descubrir adulteraciones y fraudes del azafrán.

La salvadera, empleada para salvar, poner en seguro, es decir secar la tinta reciente y evitar que se corriese y se formase borrón (PÉREZ Y RIVERO, 2006, p.71). 

La salvadera, hoy día casi olvidada, pero aún patente su empleo sobre tantos manuscritos, forma ya parte de la historia de los documentos gráficos, un objeto de las escribanías del pasado, he aquí la salvadera y las arenas del tiempo. 

Fig.9 Escribanía de porcelana. Fuente: aquí.


Última revisión: 03/03/2019